Un mayordomo es acusado de malgastar los bienes de su amo. Sabiendo que será despedido, reduce las deudas de los deudores —de 100 barriles de aceite a 50, de 100 medidas de trigo a 80— para ganarse su favor y asegurarse un lugar cuando quede sin trabajo. El amo alaba su sagacidad, no su deshonestidad.
“Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando estas falten, os reciban en las moradas eternas.”
El amo alaba la previsión, rapidez y creatividad; no el acto injusto.
“Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10:16)